Creer
Tengo miedo de que dejé de creer hace tiempo, de que sin saber cómo ni por qué dejé de tener una fe ciega, una fe que alguna vez pensé que podía mover montañas. También tengo miedo de que me sienta vacía porque no creo en algo que es totalmente organizado, cuales doctrinas están en el mandato de los mortales escogidos.
Tengo miedo de que lo que alguna vez fue mi inquebrantable fe sólo sea el producto de años de enseñanzas forzadas. Ver que todo lo que alguna vez creí ser verdad es una mentira sería una nube gris que opacaría mi vida.
Tengo miedo de las sombras, del camino de la vida, de estar sola, de sentirme vacía y de no creer. De ser, pero no estar allí; de respirar, pero no existir. Tengo miedo de que mis ideas sean sólo otro producto de enseñanzas forzadas subsecuentes. De que alguna vez no sea capaz de formular mis ideas, mis opiniones porque otros lo han hecho ya por mí. De ser otro clon que repite y repite como una grabadora las ideas de los grandes pensadores de la historia, de ser solo un eco.
Me corroe no creer en una doctrina moldeada por hombres en el nombre de lo divino. Me corroe porque no estoy acostumbrada a cuestionar mis creencias. Pero me acuerdo de que esta doctrina no es perfecta, porque nada más somos simples mortales que no sabemos la verdad absoluta.
Por eso es que me resigno a no creer en la doctrina mortal, pero sí creer en una doctrina divina, una doctrina universal que transciende toda cultura, idioma, ideología y raza.
Creo que hay algo más de lo que vemos, algo tan abstracto que no se puede asemejar con las palabras; que todos somos iguales, que todos debemos amar.
Quizás eso es suficiente.
Tengo miedo de que lo que alguna vez fue mi inquebrantable fe sólo sea el producto de años de enseñanzas forzadas. Ver que todo lo que alguna vez creí ser verdad es una mentira sería una nube gris que opacaría mi vida.
Tengo miedo de las sombras, del camino de la vida, de estar sola, de sentirme vacía y de no creer. De ser, pero no estar allí; de respirar, pero no existir. Tengo miedo de que mis ideas sean sólo otro producto de enseñanzas forzadas subsecuentes. De que alguna vez no sea capaz de formular mis ideas, mis opiniones porque otros lo han hecho ya por mí. De ser otro clon que repite y repite como una grabadora las ideas de los grandes pensadores de la historia, de ser solo un eco.
Me corroe no creer en una doctrina moldeada por hombres en el nombre de lo divino. Me corroe porque no estoy acostumbrada a cuestionar mis creencias. Pero me acuerdo de que esta doctrina no es perfecta, porque nada más somos simples mortales que no sabemos la verdad absoluta.
Por eso es que me resigno a no creer en la doctrina mortal, pero sí creer en una doctrina divina, una doctrina universal que transciende toda cultura, idioma, ideología y raza.
Creo que hay algo más de lo que vemos, algo tan abstracto que no se puede asemejar con las palabras; que todos somos iguales, que todos debemos amar.
Quizás eso es suficiente.