<body><script type="text/javascript"> function setAttributeOnload(object, attribute, val) { if(window.addEventListener) { window.addEventListener('load', function(){ object[attribute] = val; }, false); } else { window.attachEvent('onload', function(){ object[attribute] = val; }); } } </script> <div id="navbar-iframe-container"></div> <script type="text/javascript" src="https://apis.google.com/js/platform.js"></script> <script type="text/javascript"> gapi.load("gapi.iframes:gapi.iframes.style.bubble", function() { if (gapi.iframes && gapi.iframes.getContext) { gapi.iframes.getContext().openChild({ url: 'https://www.blogger.com/navbar/21886757?origin\x3dhttp://adrianaivette.blogspot.com', where: document.getElementById("navbar-iframe-container"), id: "navbar-iframe" }); } }); </script>

Adriana... en español

"Mis iras, risas, deseos, anhelos, ideas... En este idioma tan extraño, tan olvidado, pero tan mío..."

Un millón de pedazos Friday, April 14, 2006 |

Hay veces que quiero estallar de la ira, que quiero explotar en un millón de pedazos que corten a todos a mi alrededor. Porque siento como si ya estuviese rota y cortada por dentro, siento como si ya nada no valiese la pena. Y el todo fuese un abismo inalcanzable al cual no quiero llegar para sentarme en el borde y contemplar las posibilidades.

Estas veces digo todo lo que pienso, tiro todo lo que encuentro. Mi boca se desconecta de mi mente y va directo al corazón, se olvida de la razón y empieza a declarar palabras, conjugar verbos, agregar artículos, buscar adjetivos y moldearlos en oraciones infinitas que expresan la rabia más pura, rabia que corta. Esas oraciones estallan, cortan, hieren y esa es su función. Quiero que todo el mundo lo sepa, quiero que todo el mundo sienta mi estallar, y no ahogarme con mis palabras, con mis pensamientos. No me voy a ahogar esta vez porque siento como si me estuviesen cortando por dentro, como si todo el tiempo que he dedicado ha sido en vano, como si me ahogan lentamente y lo único que puedo hacer para salvarme es explotar en un millón de pedazos cortantes.

Por dentro soy de vidrio, tan frágil, pero tan peligrosa a la misma vez. Y estallo, una y otra vez, solamente para reconstruirme una y otra vez. Los busco poco a poco, esos pedazos tan distintivos de mi ser, transparentes y rotos. Al terminar falta un pedazo aquí, un pedazo allá… ¿Pero que importa? Por lo menos no me ahogo, no me corroo por esas palabras.

Estallo.

Una y otra vez.

Para reconstruirme después.

Aunque falten pedazos y poco a poco se desvanezca la esencia de mi ser.

Desde la penumbra de mis sueños rotos... Monday, April 10, 2006 |

Hoy el silencio me hace fiel compañía. No hay nada más que ese silencio que me acapara en este día gris. Y me enoja pensar que una palabra suya, alguna simple palabra haría que este silencio se fuera, que este silencio que me angustia desapareciera por sólo un instante, un grandioso instante.

Pero sin embargo, no importa ya, porque el mismo silencio se burla de mí, de mi estúpida existencia. Me acompaña, me vacía y me vuelve a llenar. Se ríe, llora y se vuelve a reír. Me habla, me llena la mente de ideas incesantes, de ideas de cómo terminarlo, pero no se va. Y aquel que puede hacer que se vaya no habla, ni para saber como me llevo con en silencio.

Aquel, quien no le cuesta nada, quien alguna vez quizás prometió no callar lo ha hecho otra vez, quizás por palabras que no llenaron su interpretación. El silencio que consume y la rabia que crece a favor del silencio están aquí, tan presentes que es difícil saberlos ignorar.

Aunque el día parece brillar a favor del mundo, esos rayos me duelen, me hieren, rayos grises son para mí. Y cuando veo colores no los siento, no los reconozco, sólo están allí. Ellos parecen burlarse de mí también.

Aquí me quedo, con el silencio y con mi rabia, sin saber que hacer, sin saber que creer. Sin saber lo que piensa el causante del silencio, el único que lo puede demoler.

Me quedo.

Con su silencio.

Con mi rabia.

Sin saber que hacer.

Desde la penumbra de mis sueños rotos,

Adriana

Creer Saturday, April 08, 2006 |

Tengo miedo de que dejé de creer hace tiempo, de que sin saber cómo ni por qué dejé de tener una fe ciega, una fe que alguna vez pensé que podía mover montañas. También tengo miedo de que me sienta vacía porque no creo en algo que es totalmente organizado, cuales doctrinas están en el mandato de los mortales escogidos.

Tengo miedo de que lo que alguna vez fue mi inquebrantable fe sólo sea el producto de años de enseñanzas forzadas. Ver que todo lo que alguna vez creí ser verdad es una mentira sería una nube gris que opacaría mi vida.

Tengo miedo de las sombras, del camino de la vida, de estar sola, de sentirme vacía y de no creer. De ser, pero no estar allí; de respirar, pero no existir. Tengo miedo de que mis ideas sean sólo otro producto de enseñanzas forzadas subsecuentes. De que alguna vez no sea capaz de formular mis ideas, mis opiniones porque otros lo han hecho ya por mí. De ser otro clon que repite y repite como una grabadora las ideas de los grandes pensadores de la historia, de ser solo un eco.

Me corroe no creer en una doctrina moldeada por hombres en el nombre de lo divino. Me corroe porque no estoy acostumbrada a cuestionar mis creencias. Pero me acuerdo de que esta doctrina no es perfecta, porque nada más somos simples mortales que no sabemos la verdad absoluta.

Por eso es que me resigno a no creer en la doctrina mortal, pero sí creer en una doctrina divina, una doctrina universal que transciende toda cultura, idioma, ideología y raza.

Creo que hay algo más de lo que vemos, algo tan abstracto que no se puede asemejar con las palabras; que todos somos iguales, que todos debemos amar.


Quizás eso es suficiente.